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¡Supermédicos!, por Santi Viteri

Científicos, investigadores, sabios y locos. Cada 15 días aprenderemos algo sobre la vida de los hombres y mujeres que descubrieron todo lo que sabemos hoy sobre las enfermedades y cómo funciona el cuerpo humano. Son ¡Supermédicos!. El autor es médico especialista, y tiene una columna sobre salud. Los dibujos son de Matías Elgueta.

Pavlov y su perro

Santi Viteri | 17 abril 2010



*Nota aclaratoria*: La ilustración de esta semana no es de Matías Elgueta, sino de Cesar Viteri.
Cesar es médico especialista pero siempre tuvo un talento especial para el dibujo. Hizo caricaturas de toda la familia y de sus amigos desde pequeño. Además es el mejor padre del mundo. Mi padre.

Iván Petróvich Pávlov (Ива́н Петро́вич Па́влов en cirílico) nació el 14 de septiembre de 1849 en la ciudad de Riazán, Rusia. Su padre, Peter Dmitrievich, era un sacerdote ortodoxo así que desde pequeñito Iván recibió una educación muy religiosa. Tanto, que comenzó a estudiar en el seminario para hacerse sacerdote él también. Sin embargo, en aquella época cayeron en sus manos un montón de libros científicos que le apasionaron. Entonces tenía 21 años y tomó la decisión de abandonar sus estudios religiosos y empezó un curso en la facultad de ciencias naturales de la Universidad de San Petersburgo.

La verdad es que era muy brillante y pronto destacó entre sus compañeros, especialmente por sus estudios de fisiología humana. La fisiología es la disciplina que estudia como funcionan los órganos (por ejemplo, estudia el funcionamiento del corazón, del estómago, del hígado…) En aquella época le dieron varios premios científicos por sus trabajos. Era uno de los alumnos más inteligentes de todo el país. Iván estaba decidido a ir a los mejores sitios del mundo, así que acabó marchándose también a Alemania para estudiar con los profesores más respetados de la época.

Durante aquellos años Iván realizó muchísimos experimentos y centró sus investigaciones en el aparato digestivo. Quería saber como funcionaba la digestión de los alimentos, como era posible que el cuerpo convirtiera, un planto de lentejas por ejemplo, en energía para correr y saltar. Como era muy ordenado estudio el aparato digestivo de cabo a rabo. Analizó la saliva, los jugos del estómago, los movimientos del intestino… Curiosamente de todos sus experimentos el que le hizo famoso en el mundo entero fue una investigación sobre la saliva.

Iván tenía unos perros en su laboratorio. Notó que cuando les llevaba la comida se les llenaba la boca de saliva y fue entonces cuando pensó en un curioso experimento. Cada vez que llevaba comida a sus perros tocaba una campanilla y observaba sus reacciones. Los perros veían la comida y se ponían a salivar (se les “hacía la boca agua”) Eso lo hizo todos los días durante un mes.

Por fin un día, se acerco a los perros y toco la campanilla pero sin llevarles comida y se llevó una sorpresa tremenda. Al escuchar el sonido los perros se ponían a salivar aunque no había comida por ninguna parte. Iván probó muchas veces más, por la mañana, por la tarde y comprobó que siempre que tocaba la campanilla los perros salivaban como si tuvieran la comida delante. ¡Había conseguido activar la formación de saliva con un sonido que no tenía nada que ver con la comida!

Esto significa que los perros habían aprendido a salivar al escuchar la campana. Este descubrimiento fue muy importante para entender el funcionamiento de la saliva, pero sobre todo, para entender la manera que tenemos los seres vivos de aprender las cosas. Los perros habían comprendido que cada vez que sonaba la campana alguien les traía comida . ¡Y muchas veces los seres humanos también aprendemos así!

Hoy muchos científicos y psicólogos siguen hablando de “El perro de Pavlov”.
Por éste y muchos otros logros a Iván le dieron el premio Nobel de medicina en 1904 y fue considerado el padre de la Fisiología en Rusia.


Si quieres saber más busca algo sobre:

Alfabeto cirílico
Riazán
Iglesia Ortodoxa
Perro de Pavlov
Reflejo condicionado


Comentarios

  1. Albert [abr 23, 00:39]

    Yo también salivo cuando me llaman a comer :D

  2. jose [jul 6, 06:46]

    Esto se puede aplicar a muchas cosas, por ejemplo al trabajo con los jefes y los pelotas jejejejeje ya no necesitan premio para salivar.

  3. Eladio González Rojas [may 22, 03:50]

    Muy interesante su comentario. Es bueno darlo a conocer a las generaciones venideras.

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